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Un Cubano Libre

Cuando documentamos la caravana del 11 de julio en Tampa no subí las fotos y ya. Trabajé el material como si alguien fuera a discutirlo, porque en algún momento alguien lo hará.

Esto es lo que aprendí haciéndolo, por si le sirve a cualquiera que salga a documentar un acto. No hace falta ser técnico. Hace falta ser ordenado.

Una foto no es una prueba. Un archivo bien tratado, casi

La diferencia entre las dos cosas no está en la cámara. Está en lo que puedes responder cuando te preguntan cuándo, dónde y cómo sabes que eso no está manipulado.

Y la buena noticia es que tu teléfono ya responde casi todo solo: cada foto y cada video llevan dentro la fecha, la hora y, si tienes la ubicación activada, las coordenadas exactas. Eso se llama metadatos, y es lo que convierte «estuve allí» en algo verificable.

Las seis reglas que seguí

1. No toques los originales. Nunca

Los originales van a una carpeta y no se abren para editar. Todo lo que hagas, recortar, comprimir, publicar, se hace sobre copias. En cuanto una imagen pasa por un editor, pierde metadatos y gana la sospecha de haber sido retocada, aunque solo la hayas girado.

2. Los metadatos son la prueba, así que no los destruyas por descuido

Casi todas las redes sociales borran los metadatos al subir una foto. Eso está bien para tu privacidad y es fatal para tu archivo. Si mandas una foto por WhatsApp y luego solo conservas esa, ya perdiste la fecha y el lugar.

Guarda siempre la copia que salió de la cámara, sin pasar por ninguna aplicación de mensajería.

3. La fecha real, siempre, aunque sea incómoda

Esto no se negocia: nunca cambies la fecha de un archivo ni retrofeches una publicación para que tu historial parezca más largo. Si documentas hoy algo que pasó hace tres meses, la fecha de publicación es la de hoy y la del acto va escrita en el texto.

Una sola fecha falsa descubierta contamina todo lo demás que hayas publicado, incluso lo que era cierto. No hay ningún beneficio que compense ese riesgo.

4. Separa lo que muestran los archivos de lo que recuerdas tú

Son dos cosas distintas y hay que decirlo. «La caravana salió de Al Lopez Park a las 16:56» sale del archivo, con su hora dentro. «La policía nos ayudó a salir» sale de mi memoria: es testimonio, y tiene valor, pero es otra categoría de afirmación.

En el registro de este blog están en dos bloques visualmente distintos a propósito. Mezclarlos habría debilitado los dos.

5. Di lo que no sabes

De aquel día no puedo decir qué organización convocó, ni cuánta gente hubo exactamente, ni quién habla en cada momento. Lo escribí así, tal cual, en la propia entrada.

Parece que resta y suma. Un documento que reconoce sus límites es más creíble que uno que lo afirma todo con la misma seguridad, porque demuestra que hubo criterio al escribirlo. Quien lo lea con lupa buscará precisamente los puntos débiles: es mejor que se los encuentres tú antes.

6. Protege a quien no eligió salir

En la foto que publiqué de la caravana se leía la chapa personalizada del carro de delante. La pixelé. No es solo por respeto al dueño: un archivo que expone a terceros sin necesidad es un archivo que alguien puede usar para acusarte a ti de algo.

Lo mismo con las caras de quienes no son de tu familia. En un acto público hay menos expectativa de privacidad, pero eso no obliga a publicarlo todo. Los originales se conservan íntegros; lo que se publica se piensa.

La excepción que hay que entender bien

Todo lo anterior vale para quien documenta desde fuera de Cuba. Dentro de la isla, la regla se invierte en un punto crítico.

Esos mismos metadatos que a mí me sirven de prueba, a alguien en Cuba lo sitúan en un lugar y a una hora. Una foto de una protesta con coordenadas incrustadas es una confesión firmada si ese teléfono acaba en manos de la policía, y el Decreto-Ley 370 contempla expresamente confiscarlo (Cubanet).

Por eso, para material que sale de Cuba: los metadatos se limpian antes de publicar, y la copia íntegra se manda fuera, a alguien que pueda archivarla sin riesgo. El que está a salvo documenta; el que está en peligro solo entrega y borra. Es la misma lógica que expliqué en la guía de publicar sin que te cueste la libertad.

Y una última cosa que casi nadie hace

Publicar en un sitio propio, con una dirección estable que no cambie. Un post en una red social depende de que la plataforma no lo borre, de que la cuenta siga viva y de una configuración de privacidad que tú no controlas del todo.

Cuando algo está en tu dominio, con su fecha, y además existe una copia en un archivo web independiente, ya no dependes de nadie para demostrar que existía. Eso es lo que convierte un recuerdo en un registro.

Ninguna de estas seis reglas requiere equipo especial ni conocimientos técnicos. Requieren decidir, antes de salir de casa, que lo que vas a grabar tiene que aguantar que alguien lo mire con desconfianza. Que es exactamente lo que va a pasar.

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