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Un Cubano Libre

Este es el último artículo de la serie y el que más me ha costado escribir, porque es el único que da consejos. Y un consejo mal calibrado sobre esto no es una errata: es alguien preso.

Así que empiezo por lo que este texto no es.

No puedo prometerte seguridad. Nadie puede. Un Estado que controla el único operador de telecomunicaciones, la policía, los tribunales y a tus vecinos tiene ventajas que ninguna aplicación compensa.

Lo que sí puedo hacer es ordenar los riesgos por lo que de verdad ha mandado gente a la cárcel, según los casos documentados en esta serie, y no por lo que suena más técnico. Reducir riesgo es posible. Eliminarlo, no.

El orden correcto, y por qué está al revés en casi todas partes

La mayoría de las guías de seguridad digital empiezan por la conexión: cifra esto, oculta aquello, instala este túnel. En Cuba, ese es el problema menos frecuente.

Repasa los casos: a un barbero lo condenaron a dos años y medio por unos memes en un grupo familiar de once personas; a un joven de veintidós, a cuatro años por compartir una convocatoria; el Decreto-Ley 370 permite confiscarte el teléfono sin juicio. En ninguno hubo interceptación de tráfico. Hubo un dispositivo, hubo gente y hubo una ley elástica.

De ahí el orden que propongo:

1. El dispositivo, dando por hecho que lo van a revisar

Parte de esa premisa y todo lo demás se ordena solo. La pregunta no es si podrán entrar, es qué encontrarán cuando entren.

  • Lo que no está guardado no se puede confiscar. Si mandaste algo, no necesitas conservar la copia, ni el original, ni el hilo de la conversación. Borrar después de enviar es la medida más simple y la más eficaz. Acuérdate de vaciar también la papelera o el álbum de «eliminados recientemente», que es donde se queda todo un mes.
  • Un código memorizado protege más que una huella. Una huella o una cara te las pueden poner delante del teléfono por la fuerza en un instante. Un código que solo está en tu cabeza no se extrae con la mano.
  • Quita las vistas previas de la pantalla de bloqueo. Si los mensajes se leen sin desbloquear, tu teléfono habla aunque tú no.
  • Piensa en la agenda, no solo en el contenido. Lo que más le sirve al que registra tu teléfono no suele ser un mensaje concreto: es la lista de con quién hablas. Un dispositivo confiscado entrega a mucha más gente que a su dueño.

2. Las personas, que es por donde se rompe casi siempre

  • Un grupo privado no es privado. Es la suma de la discreción de todos sus miembros. Once familiares fueron demasiados. No porque la familia falle, sino por aritmética: cada persona añadida es una probabilidad más.
  • Cuenta solo lo que haga falta contar. Quien no sabe algo no puede entregarlo, ni bajo presión ni por descuido. Proteger a alguien a veces consiste en no contarle nada.
  • El cifrado protege el mensaje, no al destinatario. WhatsApp cifra de extremo a extremo y eso no salvó a nadie de los casos que conté, porque el mensaje llegó íntegro a un teléfono que después habló.

3. Lo que publicas, antes de publicarlo

  • Las fotos llevan dentro más de lo que se ve. Un archivo de imagen puede incluir coordenadas de dónde se tomó, fecha, hora y modelo del dispositivo. Esos datos viajan con la foto aunque tú no los veas. Si vas a publicar algo sensible, hazlo desde una copia limpia, no desde el archivo original.
  • Las caras identifican. La tuya y las de todos los que salgan. En una protesta, publicar un plano general puede costarle caro a gente que no eligió aparecer.
  • El tiempo real te pone en el lugar. Publicar mientras estás allí confirma que estabas allí. Esperar no siempre es posible, pero cuando lo es, ayuda.

4. Y solo ahora, la conexión

Sirve para acceder: para llegar a lo que está bloqueado. Herramientas como Psiphon lo hacen y lo hacen bien, como demostraron el millón y medio de cubanos del 11J. Cloudflare WARP resuelve otro problema distinto, el de los sitios que te cierran la puerta por tener IP cubana.

Lo que ninguna de esas herramientas hace es borrar lo que publicaste con tu nombre, ni proteger un teléfono confiscado, ni impedir que alguien hable. Recuperar el acceso y estar a salvo no son la misma cosa.

Lo más seguro no es callarse: es no firmar

Hay que decir lo que no estoy diciendo, porque se presta. Callarse no es lo que recomiendo, y tampoco es más seguro. Lo que sale de dentro no lo sustituye nadie desde fuera: sin eso no hay expediente, no hay noticia y no hay nada que enseñarle a nadie. Denunciar es lo que va abriendo grietas, y por eso el régimen cobra tan caro el atrevimiento.

Lo que sí digo es que el nombre que firma no tiene por qué ser el tuyo.

Saca el material y que lo publique alguien que esté fuera del alcance de ese tribunal. Tú quedas como fuente, no como autor. La denuncia sale igual, el mundo la ve igual, y el nombre que aparece firmando no está en la isla.

No es rendirse. Es entender dónde está el riesgo y ponerlo donde puede soportarse. Todas las redacciones del exilio funcionan así, y funcionan porque la parte peligrosa la asume quien puede asumirla.

Lo que me toca decir de mí

Escribo esto desde Tampa. Puedo poner mi nombre completo sobre cada uno de estos artículos porque a mí no me va a venir a buscar nadie esta noche, y quien lo lea desde la isla no tiene esa comodidad.

Por eso he intentado no adornar nada, no prometer protecciones que no existen y decir cuando algo no lo sé. Prefiero que este texto sea menos tranquilizador y más cierto. Quien decida cuánto riesgo asume tiene que hacerlo con información real, no con la que a mí me gustaría poder darle.

Y si tienes cualquier duda sobre algo de esto, o crees que me he equivocado en algún punto, escríbeme. Corregir un artículo es barato. Lo otro no.

Fuentes. Caso del barbero de Cienfuegos: Martí Noticias (18 sep. 2024) y ADN Cuba (19 sep. 2024). Condenas de Santiago de Cuba por publicar y por compartir una convocatoria: DIARIO DE CUBA y el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (enero 2025). Decreto-Ley 370 y confiscación de equipos: Cubanet. Marco legal y contexto: Freedom House, Freedom on the Net, Cuba.

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