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Un Cubano Libre

Serie «Historia de Cuba» · Temporada 2, episodio 6

Portada: dos fichas de cita en papel claro sobre fondo azul de medianoche. La primera, con el encabezado 28 de julio de 1953, Diario de la Marina, portada, dice: Unos 70 muertos es el trágico balance del golpe contra los cuarteles de Santiago y Bayamo. La segunda, con el encabezado 1953, Fidel Castro, La historia me absolverá, dice: Si el Ejército tuvo diecinueve muertos y treinta heridos, ¿cómo es posible que nosotros hayamos tenido ochenta muertos y cinco heridos?, con ochenta muertos y cinco heridos en rojo. Arriba, Historia de Cuba, temporada 2, episodio 6. Abajo, El asalto al Moncada, 1953, y la marca Un Cubano Libre.
Un titular del Diario de la Marina del 28 de julio de 1953 y una pregunta del alegato de Castro. La primera cifra, de los dos bandos, se quedó corta; la segunda, solo de asaltantes, es falsa; la pregunta es buena. Son fichas con la tipografía de este sitio, no facsímiles.

El martes 28 de julio de 1953, dos días después del asalto, el Diario de la Marina abrió con este titular: «Unos 70 muertos es el trágico balance del golpe contra los cuarteles de Santiago y Bayamo». En la misma portada, a la derecha, Batista pedía un gobierno «sereno y justo, pero enérgico», debajo se anunciaba la suspensión de las garantías por noventa días, más abajo que se nombraban censores para cuatro periódicos, y en la última columna el diario protestaba «Sobre la Censura de Prensa». Al día siguiente los censores eran para todos los diarios y revistas del país.

El episodio en video, unos quince minutos. Cuenta lo mismo que este texto. Si prefieres leer, sigue abajo: el artículo lleva las fuentes enlazadas una a una.

Esa portada tiene casi todo lo que hay que saber del 26 de julio de 1953. Hubo muertos, muchos más de los que podía explicar un combate. Hubo un gobierno que contó su versión con la prensa amordazada. Y hubo una cifra, «unos 70», que sumaba los muertos de los dos bandos que se conocían «hasta la hora en que se redactan» aquellas líneas. Se quedó corta, porque al final fueron más de ochenta, y no decía lo que importaba: cuántos habían muerto peleando y cuántos ya presos. Para el régimen cubano, aquella mañana es el principio de todo: da nombre al Movimiento 26 de Julio, es fiesta nacional y dio el discurso más famoso de Fidel Castro. Este episodio, que cierra la temporada, va de lo que dicen los papeles de 1953 frente a lo que se construyó encima, de un lado y del otro.

Recorte de la portada del Diario de la Marina del martes 28 de julio de 1953. A la izquierda, el titular Unos 70 muertos es el trágico balance del golpe contra los cuarteles de Santiago y Bayamo, con los subtítulos Detenidas numerosas figuras políticas de la oposición y Suspendidas las garantías por el término de noventa días. En el centro, un editorial titulado Ante la tragedia de Santiago de Cuba. A la derecha, el titular El Gobierno debe ser sereno y justo, pero enérgico, Batista, y en la última columna, Sobre la Censura de Prensa.
Portada del Diario de la Marina, La Habana, martes 28 de julio de 1953, recortada por los titulares. Escaneo de la Biblioteca Digital del Caribe, Universidad de Florida. El periódico no se ha tocado; solo está recortado.

Lo que pasó

Hacia las cinco de la mañana del domingo 26 de julio, día de carnaval en Santiago, salieron de una granja alquilada en Siboney dieciséis carros con unos 135 hombres vestidos con uniformes del ejército. La enciclopedia del Estado, EcuRed, da la cifra con un detalle que el relato oficial suele omitir: «De los 135 revolucionarios, 131 dieron el paso al frente». Cuatro se echaron atrás. En Bayamo, a más de cien kilómetros, otros 24 a 30 atacaron a la misma hora el cuartel Carlos Manuel de Céspedes.

El plan dependía de la sorpresa. La vanguardia tomó la posta 3 del cuartel Moncada, pero el choque con una patrulla de dos soldados a pie y los primeros disparos dieron la alarma. Además, una parte del convoy, la mejor armada, se perdió por las calles de la ciudad y no llegó nunca. Castro lo reconoció en su alegato: «la mitad del grueso de nuestras fuerzas y la mejor armada, por un error lamentable se extravió a la entrada de la ciudad». El libro oficial de 1964, Relatos del asalto al Moncada, lo explica de otra manera: el grupo se perdió «porque el automóvil que iba al frente del mismo desertó» (página 25). El historiador cubanoamericano Antonio Rafael de la Cova, que entrevistó a 115 testigos de los dos bandos para su libro de 2007, calcula que de los noventa que iban a la posta 3 llegaron entre sesenta y setenta (página 81), y que Castro ordenó la retirada en menos de media hora (página 251). En el hospital civil, que había ocupado un grupo dirigido por Abel Santamaría, la resistencia duró más. En Bayamo, unos diez o quince minutos.

Castro no entró en el cuartel. Su carro, el segundo del convoy, se quedó frente a la posta 3, y los asaltantes que lo vieron lo recuerdan en la calle, dando órdenes y gritando la retirada. No hay nada deshonroso en eso, porque, según lo que vio Mario Chanes y recoge De la Cova, nadie de su carro ni del de Castro llegó a entrar (página 92). Pero tampoco es la escena de las láminas escolares.

Del asalto a la amnistía, fecha por fecha

26 de julio de 1953, hacia las 5:00
Salen de la granja Siboney dieciséis carros con unos 135 hombres (EcuRed).

26 de julio, 5:20
Ataque a la posta 3. Castro ordena la retirada en menos de media hora (De la Cova, página 251).

26 de julio
El gobierno suspende las garantías por noventa días (Diario de la Marina).

26 al 29 de julio
Matanza de prisioneros en el cuartel, en Siboney, en Bayamo y en las carreteras (De la Cova).

27 y 28 de julio
Acta forense de 34 cadáveres: tiros en la nuca y uniformes puestos después (Rojas, páginas 88 a 97).

28 de julio
«Unos 70 muertos es el trágico balance» y censores en los periódicos (Diario de la Marina).

29 de julio
Monseñor Pérez Serantes, «Paz a los muertos» (circular).

30 de julio
Informe de Chaviano: «más de 400 ó 500 hombres» y enfermos acuchillados (Rojas, páginas 11 y 12).

1 de agosto
El teniente Sarría captura a Castro y lo lleva al vivac en vez de al cuartel (Barredo).

1 de agosto
Cifra oficial: 60 rebeldes, 18 soldados y 2 civiles muertos (ABC, EFE).

5 de agosto
El partido comunista cubano repudia el asalto como «putschista» (Daily Worker).

1 de septiembre
El embajador de Batista admite en Washington que no hubo conexión directa con Prío (FRUS).

6 de octubre
Termina el juicio de la causa 37: 29 condenados (Diario de la Marina).

16 de octubre
Juicio aparte de Castro en una salita del hospital civil (La historia me absolverá).

1954
Castro reconstruye su alegato en la cárcel y se imprime clandestinamente (libro de texto, página 269).

6 de mayo de 1955
Batista firma la amnistía (Diario de la Marina, 7 de mayo).

26 de julio de 1959
El Consejo de Ministros declara el Día de la Rebeldía Nacional (Sierra Maestra).

17 de julio de 1961
Detienen a Mario Chanes de Armas, moncadista; estará treinta años preso (St. Petersburg Times).

26 de julio de 2021
Cubadebate: «Patria y vida en las mazmorras del Moncada» (artículo).
Solo lo que cita este artículo, con su fuente. En rojo, las fechas sobre las que se apoya el texto.

Las cuentas

Del lado del gobierno hay un núcleo de cifras en el que coinciden fuentes opuestas: murieron 19 militares y policías, 15 soldados y 3 policías en Santiago y uno en Bayamo, y hubo unos 30 heridos. Los certificados médicos del sumario, que se pueden leer hoy, describen heridas de bala y de perdigones. Castro dio las mismas cifras en su alegato, y De la Cova también.

Del lado de los asaltantes, la lista oficial cubana tiene 61 muertos. Y aquí empieza lo que importa. Según la reconstrucción de De la Cova, solo nueve murieron combatiendo (página 119). EcuRed da seis. Castro, en su «Mensaje a Cuba que sufre» de finales de 1953, escribió «Muertos en el combate 8». Las cifras de muertos en combate van de cinco a nueve según quién cuente. Los otros cincuenta y tantos murieron después, ya presos.

El propio Castro lo resumió con una pregunta que sigue siendo buena: «Si el Ejército tuvo diecinueve muertos y treinta heridos, ¿cómo es posible que nosotros hayamos tenido ochenta muertos y cinco heridos?». La pregunta es buena aunque la cifra de ochenta sea falsa. En ningún combate mueren tres veces más atacantes que defensores y casi no quedan heridos.

Los partes del propio ejército lo delatan, si se leen seguidos. El 26 de julio el coronel Alberto del Río Chaviano, jefe del regimiento, dio 37 bajas de los asaltantes. El Diario de la Marina del 28 repartió 33 en el Moncada y 4 en Bayamo, y añadió que «el resto de las bajas se debe a los encuentros entre la fuerza pública y los fugitivos». El 1 de agosto la cifra oficial era ya de 60 rebeldes muertos, 18 soldados y dos civiles, según el despacho de la agencia EFE que publicó el diario ABC de Madrid. En esos cinco días de «encuentros», el ejército declaró como bajas propias tres heridos. La cuenta de los muertos que nadie vio caer combatiendo la hicieron sus propios partes.

La matanza

Lo que pasó con los presos está documentado desde 1953, y no por el régimen. El 27 y el 28 de julio, la Sala Segunda de Vacaciones de la Audiencia de Santiago, presidida por el magistrado Manuel Urrutia Lleó, hizo con cuatro médicos forenses el reconocimiento de 34 cadáveres en el cementerio. El acta la reproduce la periodista Marta Rojas en su libro sobre el juicio, y es una lista de ejecuciones. Camisas de kaki sin agujeros de bala sobre cuerpos con heridas en el pecho: uniformes puestos después de muertos. Pantalones blancos de enfermo debajo del pantalón militar: los del hospital civil. Disparos en la nuca. Y el cadáver número 31: «Presenta una venda en la pierna derecha, sobre trece heridas de bala», y además dos tiros en la región occipital (página 97). A un herido ya vendado lo remataron.

De la Cova, con las entrevistas a soldados, reconstruye el resto: los presos del hospital civil fueron llevados al polígono de tiro del cuartel y fusilados con una ametralladora, y los cadáveres se regaron por fuera para que pareciera que habían muerto en combate. Su conclusión es de las que no admiten matices: soldados del ejército mataron a «more than fifty rebel prisoners», más de cincuenta prisioneros, en cuatro días, y «It was the largest mass killing of prisoners since the War of Independence» (página xxvii). Fue la mayor matanza de prisioneros en Cuba desde la Guerra de Independencia.

El ejército, además, se quedó con los muertos. El mismo Diario de la Marina contó en la página 25 que los asaltantes fueron enterrados por el ejército «habiéndose negado la entrega de los cadáveres a los familiares».

La matanza paró por la presión de la ciudad y de la Iglesia. El 29 de julio el arzobispo de Santiago, monseñor Enrique Pérez Serantes, publicó una circular titulada «Paz a los muertos» en la que pedía «piedad cristiana para los vencidos» y anunciaba: «Tenemos la promesa personal y formal del Jefe del Ejército de esta Región». Que el 29 de julio hiciera falta una promesa pública de que no matarían a los que se entregaran lo dice todo. Por su mediación se presentaron con vida decenas de fugitivos.

Castro sobrevivió por eso y por un teniente. Al amanecer del 1 de agosto una patrulla al mando del teniente Pedro Sarría lo sorprendió dormido en un bohío. Sarría se negó a entregarlo al comandante Andrés Pérez Chaumont, uno de los oficiales señalados por la matanza, y lo llevó al vivac de la ciudad en vez de al cuartel. Lo cuentan, con matices, el propio Castro, Sarría y De la Cova, que son tres fuentes de bandos distintos. Según Sarría, cuando llegó, Chaviano le reprochó: «Este hombre no podía haber llegado vivo hasta aquí» (página 43).

La mentira de Batista

Mientras mataba presos, el gobierno contó otra historia. Batista habló por radio y televisión el 27 de julio. Al día siguiente una circular del Estado Mayor afirmó que los asaltantes entraron en el hospital militar «atacando alevosamente con cuchillos a los enfermos militares recluidos», y el 30 de julio Chaviano lo puso en su informe al tribunal: «con cuchillo en mano, abrieron el vientre de tres enfermos, dos de ellos operados el día anterior» (página 11). En el mismo informe, que los atacantes eran mercenarios, algunos extranjeros, pagados por el expresidente Carlos Prío, y que «se calculan en más de 400 ó 500 hombres» (página 12).

Todo eso se cayó en el juicio, y lo tumbaron los médicos del propio ejército. El director del hospital militar, el capitán médico Edmundo Tamayo, declaró que el sanitario que murió tenía heridas de bala, que a un paciente lo alcanzaron unos perdigones cuando se asomó a una ventana, y que «Ningún enfermo disparó; en el hospital no hubo contienda» (página 214). De la Cova concluye que en el hospital militar sí murieron dos personas por disparos de los asaltantes, un sanitario y un paciente. A tiros, no a cuchillo. Los médicos militares que firmaron los certificados de los soldados no habían consignado ni una herida de arma blanca. Los peritos de balística dijeron que los atacantes no habían usado granadas. Eran unos 160, todos cubanos.

Lo de Prío tampoco se sostuvo. El tribunal absolvió a los políticos acusados, y el embajador de Batista en Washington, Aurelio Concheso, le reconoció en privado al Departamento de Estado el 1 de septiembre que el asalto «had not been directly connected with the Prío group», no estaba directamente relacionado con el grupo de Prío, aunque insistió en que Prío había dado dinero para las armas. Y la otra acusación del gobierno, que había sido una acción comunista, la desmintieron los propios comunistas. El periódico comunista de Nueva York, el Daily Worker, recogió el 5 de agosto de 1953 la declaración del Partido Socialista Popular: «We repudiate the putschist method, peculiar to bourgeois political factions». Repudiamos el método putschista, propio de las facciones políticas burguesas. Y seguía: «But even more we repudiate the repression dictated by the Government», pero repudiamos todavía más la represión dictada por el gobierno.

Lo que se añadió después

La matanza era verdad y no necesitaba adornos. Se los pusieron. En La historia me absolverá, el alegato que Castro reconstruyó en la cárcel en 1954, se lee de los presos: «Les trituraron los testículos y les arrancaron los ojos». Y se cuenta que a Haydée Santamaría le mostraron un ojo de su hermano Abel. Es la escena más repetida del Moncada: está en el libro de texto de noveno grado, y en EcuRed creció: la ficha de Haydée dice que «le mostraron un ojo de Abel y los restos de los genitales de su novio Boris Luis Santa Coloma».

El acta forense de 1953 no describe ni ojos arrancados ni castraciones. Sí describe golpes en un caso, el del médico de los asaltantes, Mario Muñoz: «contusiones con hundimiento de ambos molares» y un tiro en la cabeza (página 90). Haydée declaró bajo juramento en el juicio, y lo que contó fue lo que oyó a los soldados: «Si te faltaba el ojo de mentira, ahora te faltará de verdad», y que vio a su hermano con el rostro manchado de sangre (página 183). No dijo que le enseñaran nada. El director de la funeraria que recogió los cadáveres, Manuel Bartolomé, respondió en una entrevista de 1993, a la pregunta de si vio alguno al que le faltaran los ojos: «No, no he visto ningún cadáver que presentara signos de tortura». Pero no negó la tortura: un poco antes había dicho «No diría que no se hizo, pero digo que yo no lo vi». De la Cova lo resume sin rodeos: «eyes and castrations in History Will Absolve Me never occurred», los ojos y las castraciones de ese texto nunca ocurrieron (página 165). Y hay un detalle que dice mucho: Castro no volvió a contar la historia del ojo en ninguno de los 41 discursos del 26 de julio, entre 1959 y 2006, que revisé en el sitio oficial cuba.cu.

Lo mismo pasó con la hora y con la orden. La versión oficial dice que la matanza empezó pasadas las tres de la tarde, cuando llegó de La Habana el general Martín Díaz Tamayo con la orden de Batista de matar a diez prisioneros por cada soldado muerto. De la Cova escribió en 2008 que «entre las 9 y 11 AM habían ejecutado en el campo de tiro del cuartel a 34 rebeldes capturados», y en su libro Díaz Tamayo llega a Santiago al día siguiente. Que la orden saliera de Batista no tiene más fuente que Castro. Que el ejército de Batista mató a los presos tiene un acta judicial.

Y la cifra. Castro escribió en 1953 setenta, ochenta y noventa muertos, en textos distintos; en su alegato dice que el «noventa y cinco por ciento de nuestros muertos» murió después del combate, y en el «Mensaje a Cuba que sufre», del mismo año, dice que en combate murieron ocho de sesenta y dos. Raúl Castro escribió en 1961 «más de 80». El libro de texto de noveno grado da 69. La cifra oficial de hoy es 61. Que fueran 61 y que más de cincuenta murieran asesinados ya era suficiente.

Lo que se escribió en la cárcel y lo que se juró en la sala
1954 · Fidel Castro, La historia me absolverá
«Les trituraron los testículos y les arrancaron los ojos.»
Texto reconstruido en la cárcel y publicado clandestinamente.
Septiembre de 1953 · Haydée Santamaría, declaración en el juicio
«Si te faltaba el ojo de mentira, ahora te faltará de verdad.»
Lo que dijo haber oído a los soldados. En la crónica de Marta Rojas, página 183.
El acta forense de 34 cadáveres, de julio de 1953, no describe ni ojos arrancados ni castraciones. Sí describe tiros en la nuca.

El alegato que nadie copió

A Castro lo juzgaron aparte, el 16 de octubre de 1953, en una salita de enfermeras del hospital civil, porque Chaviano lo había apartado del juicio principal con un certificado médico que lo daba por enfermo, y que él denunció en una carta al tribunal. El propio texto describe la sala: «Sólo han dejado pasar dos letrados y seis periodistas, en cuyos periódicos la censura no permitirá publicar una palabra». Habló unas dos horas, según Marta Rojas, que estaba allí. No se conoce ningún acta ni taquigrafía de lo que dijo.

El texto que circula con el título La historia me absolverá no es lo que se dijo ese día. Lo escribió Castro en la cárcel de Isla de Pinos, lo sacaron por partes, y se imprimió clandestinamente en 1954. No lo digo yo: lo dice el libro oficial de historia de preuniversitario del Ministerio de Educación de Cuba, que lo describe como «reconstruido por Fidel desde la cárcel de Isla de Pinos» (página 269). Es un documento político escrito con meses para pensarlo, no el acta de un juicio, y hay que leerlo así, en lo que acierta y en lo que añade.

Del lado contrario circula que la frase final, «Condenadme, no importa. La historia me absolverá», es una copia de Hitler. El cierre del alegato de Hitler en su juicio de 1924, que publica en alemán el Instituto Histórico Alemán, dice que «die Göttin des ewigen Gerichtes der Geschichte», la diosa del tribunal eterno de la historia, rasgará la acusación y la sentencia, «denn sie spricht uns frei», porque ella nos absuelve. La idea y el verbo se parecen. La letra no. No hay ninguna prueba de que Castro lo copiara, y la comparación no hace falta para criticar el texto.

El juicio principal terminó el 6 de octubre con 29 condenados, según la portada del Diario de la Marina del día siguiente. A Castro le cayeron quince años. Cumplió veintiún meses. En mayo de 1955 el Congreso aprobó una amnistía política y el 7 de mayo el mismo diario tituló: «Sancionada anoche por el Presidente la amnistía política». El presidente era Batista. El libro de preuniversitario de hoy lo cuenta de otra manera: «El pueblo había ganado la batalla».

Raúl en el Palacio de Justicia

En el alegato, Castro repartió así a su gente: «Raúl Castro, con diez hombres, ocupó el Palacio de Justicia». De ahí sale lo que repiten EcuRed y los libros oficiales: que Raúl dirigió el grupo que tomó la azotea de la Audiencia. El jefe de ese grupo era otro, Léster Rodríguez, que en octubre de 1953 seguía libre; según De la Cova, por eso Castro no lo nombró. Lo dice De la Cova (página 76), y lo dice también, en una versión de 2017, la propia ficha de Léster en EcuRed: «Léster fue destinado al frente de un comando de hombres, entre los que se encontraba Raúl Castro».

En el juicio de septiembre de 1953 el propio Raúl se describió de otra manera. Según la crónica de Marta Rojas, que estaba en la sala, dijo que había asumido la responsabilidad del movimiento en el vivac porque creía muerto a su hermano, y añadió: «yo soy un simple soldado a quien se le asignó una posición y un cometido». Contó también que derribó a tiros la puerta de la azotea y que la prueba de parafina le dio negativa. Con los años, y con Raúl en el poder, el soldado se fue convirtiendo en jefe.

Los que Castro encarceló

Varios de los hombres que atacaron el Moncada con Castro acabaron presos de Castro. El caso más conocido es el de Mario Chanes de Armas, que iba en el tercer carro, fue herido en una mano, cumplió prisión por el asalto, vino en el yate Granma y luego rompió con el rumbo comunista del gobierno. Lo detuvieron en su casa el 17 de julio de 1961, acusado de planear el asesinato de Castro, algo que él siempre negó: decía que lo castigaron por criticarlo. Estuvo preso treinta años, hasta 1991, y en 1993 lo dejaron salir de Cuba. A Chanes lo borraron también de las fotos donde aparecía junto a Castro. En el cincuenta aniversario del asalto le contó al St. Petersburg Times: «It’s like I never existed», es como si nunca hubiera existido.

Gustavo Arcos Bergnes, herido en el asalto y desde 1960 embajador de Castro en Bélgica, fue detenido en 1966 sin dejar el cargo y condenado a diez años, según Amnistía Internacional; volvió a prisión en 1981 y salió en 1988. Otros moncadistas, como Manuel Suardíaz y Jaime Costa, pasaron años en las cárceles del régimen que ayudaron a fundar, según las entrevistas que les hizo De la Cova. Ninguno de ellos aparece en las láminas del 26 de julio.

Lo que se dice, una cosa por una
Lo que se dice Lo que dice el documento
Informe de Chaviano, 1953: los asaltantes «se calculan en más de 400 ó 500 hombres», algunos extranjeros Falso. Eran unos 160, todos cubanos (De la Cova). El informe está en Rojas, página 12.
Circular del Estado Mayor, 1953: los asaltantes entraron en el hospital militar «atacando alevosamente con cuchillos a los enfermos militares recluidos» Falso. Ninguna herida de arma blanca en los certificados (sumario); el director del hospital lo desmintió en el juicio (Rojas, página 214). Murieron un sanitario y un paciente, de bala.
Gobierno de Batista, 1953: fue una acción de Prío y de los comunistas Falso. El partido comunista la repudió como «putschista» (Daily Worker) y el embajador de Batista admitió que no estaba conectada directamente con Prío (FRUS).
Versión oficial en la prensa, 1953: «el resto de las bajas se debe a los encuentros entre la fuerza pública y los fugitivos» Falso. Tiros en la nuca, uniformes puestos después y un herido vendado rematado (acta forense, página 97).
Castro, 1953: murieron 70, 80 o 90 asaltantes Falso. La lista oficial tiene 61 (Rojas).
Castro, 1953: casi todos murieron después del combate Cierto. Entre 5 y 9 cayeron combatiendo; más de cincuenta fueron asesinados ya presos (De la Cova).
Régimen: a Haydée le mostraron un ojo de Abel Sin prueba. Haydée no lo declaró bajo juramento (Rojas, página 183) y el acta forense no describe mutilaciones.
Régimen: Batista ordenó matar diez presos por cada soldado No hay documento. Solo lo cuenta Castro (La historia me absolverá).
Régimen: Raúl Castro dirigió el grupo del Palacio de Justicia Falso. Lo mandaba Léster Rodríguez (EcuRed, 2017; De la Cova, página 76).
Régimen: La historia me absolverá es lo que Castro dijo en el juicio No. Fue «reconstruido» en la cárcel, según el libro oficial de preuniversitario (página 269).
Libro oficial de preuniversitario, sobre la amnistía: «El pueblo había ganado la batalla» La amnistía la aprobó el Congreso y la firmó Batista (Diario de la Marina, 1955).
Martí Noticias, 2018: en el juicio «ni ellos, ni los demás encausados, hicieron acusaciones de tortura a los presos» Falso. La crónica del juicio recoge las denuncias (Rojas). El artículo: Martí Noticias.
Batista, 1962: Castro no apareció en el combate Falso. Estaba frente a la posta 3, aunque no entró en el cuartel (De la Cova, página 92).
Exilio: La historia me absolverá copia a Hitler La idea se parece; la letra no, y no hay prueba de copia (alegato de Hitler, 1924).
Régimen: los balazos de la fachada son de 1953 Son una restauración (EcuRed).
Régimen: los moncadistas, héroes de la Revolución Algunos acabaron presos de Castro: Mario Chanes de Armas, treinta años (St. Petersburg Times); Gustavo Arcos, dos veces (Amnistía Internacional).
Cada fila dice de dónde sale. Entre comillas, solo las frases literales; lo demás resume lo que se afirma. Las afirmaciones de Batista, del régimen y del exilio están mezcladas a propósito.

Lo que hay que contar aunque no me guste

En este episodio lo incómodo para el exilio empieza por los muertos: la matanza del Moncada la hizo el ejército de Batista, y está mejor documentada que casi todo lo que el régimen ha contado después sobre ella. Un acta judicial de 1953, firmada por un magistrado de la República, describe treinta y cuatro cadáveres con tiros en la nuca y uniformes puestos después. Quien quiera defender la Cuba de antes de 1959, que se pare aquí. No hay manera de defender esto.

Hay mitos del exilio que se caen con los mismos papeles. Martí Noticias publicó en 2018 que en el juicio «ni ellos, ni los demás encausados, hicieron acusaciones de tortura a los presos», y la crónica del juicio recoge las denuncias de varios presos, la de Haydée entre ellas. Batista escribió en sus memorias, según De la Cova, que Castro «did not appear at the tragic scene of the fighting», no apareció en la escena del combate (página xi), y los asaltantes lo vieron frente a la posta 3. Y tampoco es verdad que fuera una banda de mercenarios: eran unos 160 jóvenes cubanos, solo cuatro de ellos simpatizantes del marxismo según De la Cova, y el programa que Castro publicó después empezaba por una ley que «proclamaba la Constitución de 1940».

Y hay algo que el régimen no cuenta y que tampoco le gusta oír a quien solo ve un lado. Castro salvó la vida en 1953 porque un teniente del ejército de Batista se negó a matarlo y porque un arzobispo católico negoció con el coronel. Los asesinatos de sus compañeros quedaron por escrito porque un magistrado de la República fue al cementerio a contarlos. Y salió de la cárcel en 1955, a los veintiún meses de una condena de quince años, porque Batista firmó una amnistía. Mario Chanes de Armas, que estuvo con él en el Moncada y en el presidio de Isla de Pinos, cumplió la condena de treinta años que le puso el gobierno de Castro, salvo el último día, según Human Rights Watch.

Lo que se construyó

El 26 de julio de 1959, el Consejo de Ministros se reunió en el Moncada de madrugada y aprobó «declarar, cada año, el 26 de julio como Día de la Rebeldía Nacional». En enero de 1960 Castro empezó a tumbar los muros del cuartel desde un tractor, y el edificio se convirtió en la Ciudad Escolar 26 de Julio. Después se reconstruyeron los muros y, según la misma ficha de EcuRed, se le devolvió a la fachada «el impacto de las balas en el ala correspondiente a la posta 3». Los agujeros que hoy fotografían los turistas son una restauración.

Cada aniversario sirvió desde entonces para anunciar algo. Castro lo dijo en 1961, sin disimulo, sobre el asalto: «no fue una victoria de las armas». Fue una victoria del relato, y el relato se siguió usando. Dos semanas después de las protestas del 11 de julio de 2021, el sitio oficial Cubadebate tituló un artículo de aniversario «Patria y vida en las mazmorras del Moncada»: la consigna de los manifestantes del 11 de julio, puesta en boca de los presos de 1953.

Lo que quedó

Con los papeles de 1953 en la mano, el Moncada fue un asalto mal planeado que duró minutos, en el que murieron diecinueve militares y policías y unos nueve atacantes, seguido de una matanza de más de cincuenta prisioneros por el ejército de una dictadura, que esa dictadura intentó tapar con cuchillos inventados y censura. Sobre eso, el vencedor construyó otra cosa: le añadió muertos, ojos arrancados, una orden que nadie ha visto por escrito, un jefe que no lo era, un discurso reescrito en la cárcel y un museo con balazos restaurados. Y borró de las fotos a los que estuvieron allí y después dijeron que no.

Esta temporada se llamó «El relato falso» y ha ido siempre de lo mismo: de lo que pasó, de lo que se contó y de la distancia entre las dos cosas. La UMAP, el Escambray, Huber Matos y Camilo Cienfuegos, la campaña de alfabetización y la Cuba de antes de 1959: en cada caso el relato oficial dijo una cosa y los papeles dicen otra. El Moncada es el origen de todos esos relatos, y por eso va el último: una matanza real, contada por los dos bandos con cifras falsas. El resto de la serie está aquí.

Fuentes. Diario de la Marina, Universidad de Florida, Digital Library of the Caribbean: 28 de julio de 1953, 29 de julio de 1953, 7 de octubre de 1953 y 7 de mayo de 1955. ABC, Madrid, 1 de agosto de 1953 (despacho de EFE). Marta Rojas, El juicio del Moncada, Editorial de Ciencias Sociales, con el informe de Chaviano, la circular del Estado Mayor, el acta forense y la crónica del juicio; certificados de lesiones de los militares del sumario. Fidel Castro, La historia me absolverá, edición de Ciencias Sociales publicada por Cubadebate, y discurso del 26 de julio de 1961. Mons. Enrique Pérez Serantes, «Paz a los muertos», 29 de julio de 1953, en La voz de la Iglesia en Cuba, Palabra Nueva. Lázaro Barredo, Mi prisionero Fidel. Recuerdos del teniente Pedro Sarría, 1986. Entrevista a Manuel Bartolomé, 1993. Foreign Relations of the United States, 1952-1954, vol. IV, doc. 340. Daily Worker, Nueva York, 5 de agosto de 1953. German History in Documents and Images, alegato final de Hitler, 1924. Ministerio de Educación de Cuba, Historia de Cuba, noveno grado y preuniversitario. EcuRed, «Asalto al cuartel Moncada», «Léster Rodríguez» y «Haydée Santamaría» (copias de archive.org). Cubadebate, 26 de julio de 2021. Amnistía Internacional, acción urgente sobre Gustavo Arcos, 1992. Martí Noticias, 26 de julio de 2018. Sierra Maestra, «26 de julio, Día de la Rebeldía Nacional». EcuRed, «Cuartel Moncada». Comisión de Orientación Revolucionaria, Relatos del asalto al Moncada, 1964. St. Petersburg Times, 22 de julio de 1993 y 26 de julio de 2003. Antonio Rafael de la Cova, The Moncada Attack: Birth of the Cuban Revolution, University of South Carolina Press, 2007, y su réplica de 2008. Las citas en inglés y en alemán las traduje yo.

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