Serie «Historia de Cuba» · Temporada 1, episodio 3

No sé cuántos murieron.
Empiezo por ahí porque es lo único honesto que puedo decir, y porque es exactamente de lo que va este artículo. En los dos episodios anteriores pude escribir cifras: cuarenta y una personas en el remolcador 13 de Marzo, cuatro hombres en las avionetas de Hermanos al Rescate. Podía escribirlas porque existen informes con números de párrafo, y esos informes nombran a las víctimas una por una.
Aquí no.
El 6 de julio de 1980, en el río Canímar, provincia de Matanzas, el Estado cubano hundió una embarcación llena de civiles. Se calcula que murieron entre cincuenta y seis y setenta y una personas. Las dos cifras salen de la misma organización. Ninguna está confirmada.
De todas ellas se conocen trece nombres.
Lo que pasó
En 1980 se inauguró en Cuba un servicio de excursiones turísticas por el río Canímar, que desemboca en la bahía de Matanzas, cerca de Varadero. La embarcación se llamaba XX Aniversario, era de ferrocemento y tenía capacidad para unos cien pasajeros.
El domingo 6 de julio, en pleno éxodo del Mariel, tres jóvenes se apoderaron de ella. Ese detalle del calendario importa: entre abril y octubre de aquel año el régimen dejó salir del país a unas ciento veinticinco mil personas por el puerto de Mariel, y a la vez hundía a quienes intentaban irse por su cuenta.
Eran los hermanos Silvio Águila Yanes, de 18 años, y Sergio Águila Yanes, de 19, y Roberto Calveiro León, de 16. Sergio hacía el Servicio Militar Obligatorio y sacó varias armas de su unidad. No está claro que los tres fueran armados: hay versiones en las que solo dos llevaban armas.
Cuando tomaron el barco gritaron «¡A Miami!», y según Archivo Cuba muchos pasajeros lo recibieron con gritos de aprobación.
A bordo iba un custodio armado, vestido de civil. Sacó la pistola para impedir que el barco se fuera y Sergio le disparó. Las versiones no coinciden en quién disparó primero. En unas, el custodio llegó a disparar y lo hirieron al responderle; en otras, incluida la del libro de Norberto Fuentes, Sergio fue más rápido. En todas, el que sacó el arma para detenerlos fue él.
Lo que casi nunca se cuenta es lo que hicieron después: lo metieron en un bote y lo mandaron a tierra. Llegó con vida y dio la alerta. Archivo Cuba recoge que más tarde se informó de que había muerto.
El ataque
Desde tierra se decidió que esa embarcación no llegaba a ninguna parte.
Salieron lanchas rápidas de la Marina de Guerra y abrieron fuego contra el XX Aniversario. Los muchachos respondieron. El casco era de ferrocemento y no se hundió, pero en cubierta quedaron pasajeros muertos y heridos. Después mandaron un avión de la Fuerza Aérea, que disparó sobre la embarcación.
Los padres levantaron a sus hijos en alto para que los vieran desde el aire y desde las lanchas. Para que supieran que allí había niños.
No sirvió de nada. Es la misma escena que catorce años después se repetiría en el remolcador 13 de Marzo, y la anoto porque no es una coincidencia narrativa: es un método.
Finalmente llegó el 23 de Mayo, un barco industrial de gran porte, y embistió al XX Aniversario hasta partirlo. La embarcación se hundió.
Dónde se hundió tampoco está claro, y lo digo porque circula mal. Cubanet escribe que en aguas internacionales. Archivo Cuba dice lo contrario: que se hundió muy cerca de llegar a ellas, y su base de datos sitúa las muertes en aguas territoriales cubanas. La crónica del New York Times de 1985 lo sitúa en la bahía de Matanzas. Me quedo con eso: no llegó a salir. Aquí no hubo ninguna Organización de Aviación Civil Internacional midiendo la posición con los datos de un crucero noruego, como en el caso de Hermanos al Rescate. Nadie midió nada. Nadie levantó un acta.
En el agua
Lo que sigue lo recogen Cubanet, 14ymedio y CiberCuba.
Mientras la embarcación se hundía, las fuerzas cubanas siguieron disparando contra los sobrevivientes que estaban en el agua. Unos pasajeros murieron por los disparos y otros se ahogaron. Y la sangre atrajo tiburones.
Cuántos cuerpos se recuperaron tampoco se sabe con certeza. CiberCuba escribe que once. Martí Noticias dice diez y, más abajo en el mismo artículo, once. Archivo Cuba solo dice que se habrían recuperado algunos, y que no se devolvieron a las familias.
Y en medio de eso ocurrió otra cosa que también hay que contar, porque complica la historia y porque es verdad. Silvio Águila y Roberto Calveiro, dos de los tres que habían tomado el barco, se lanzaron al agua y salvaron de morir ahogados a varios sobrevivientes.
Los mismos que aquella mañana pusieron a decenas de civiles en peligro estaban por la tarde sacando gente del agua.
La palabra
El gobierno cubano dijo que había sido un accidente: que el oleaje hizo chocar la embarcación con el barco industrial.
Si leíste el primer episodio, ya sabes por qué me detengo aquí. En julio de 1994, cuando hundieron el remolcador 13 de Marzo, el Ministerio del Interior lo llamó por escrito «el accidente ocurrido a raíz del intento de salida ilegal del país».
La misma palabra, catorce años antes.
A las familias les dijeron que sus muertos habían muerto en el mar por culpa del secuestro. No hubo registro oficial de víctimas. No devolvieron ni un cuerpo. A los sobrevivientes les prohibieron reunirse más de dos y les advirtieron de que podían procesarlos como cómplices.
Solo hubo un funeral. El del custodio.
Los trece nombres
Estos son los nombres que se conocen. Archivo Cuba, que es la organización que lleva el registro de muertes atribuidas al régimen, dice que son trece. Pero no hay ningún documento que traiga los trece juntos. Cubanet publicó doce el 6 de julio de 2022, citando a Archivo Cuba. El informe de la propia Archivo Cuba de 2019 trae otros doce. A cada lista le falta un nombre que trae la otra. Cruzándolas salen los trece.
| Nombre | Edad | Cubanet, 2022 | Archivo Cuba, 2019 |
|---|---|---|---|
| Menores de edad | |||
| Lilian González López | 3 | ✓ | ✓ |
| Osmany Rosales Valdés | 9 | ✓ | ✓ |
| Marisel San Juan Aragonés | 11 | ✓ | ✓ |
| Marisol Martínez Aragonés | 17 | ✓ | ✓ |
| Delio Gómez González | 17 | ✓ | ✓ |
| Adultos | |||
| Sergio Águila Yanes | 19 | ✓ | ✓ |
| Luis Espinosa | 34 | no | ✓ |
| Onelia Quintana Cremales | 50 | ✓ | ✓ |
| Vicente Fleitas Cabrera | 56 | ✓ | ✓ |
| José Ramón San Juan | 60 | ✓ | ✓ |
| Mirta de Armas Naranjo | ? | ✓ | ✓ |
| Juan Domínguez Alfonso | ? | ✓ | ✓ |
| Primitivo Pulgarón | ? | ✓ | no |
Tres apuntes sobre estos nombres, porque un artículo que va sobre la exactitud no se puede permitir ser inexacto con ellos.
Sergio Águila Yanes era uno de los tres que tomaron el barco. Está entre los muertos y no lo saco de la lista, pero decir su nombre sin decir quién era sería hacer trampa. Según Archivo Cuba y según Norberto Fuentes, mientras el barco se hundía se encerró en la cabina y se pegó un tiro. Había dicho que no lo iban a coger vivo.
De tres de ellos no se conoce la edad. No la invento.
Y hay apellidos que se repiten. Marisel San Juan Aragonés tenía once años; José Ramón San Juan, sesenta. Marisol Martínez Aragonés tenía diecisiete. Cualquiera puede imaginar lo que esos apellidos significan en una lista de muertos del mismo naufragio. Yo también me lo imagino. Pero ninguna fuente lo dice, y no voy a construir una familia sobre una coincidencia de apellidos para que el párrafo emocione más.
Lo que no se puede probar
Aquí está la diferencia con los dos episodios anteriores, y es de fondo.
El remolcador 13 de Marzo tiene el informe 47/96 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que nombra a treinta y seis de las cuarenta y una víctimas con su edad. Hermanos al Rescate tiene el informe 86/99 de la misma Comisión, un informe de la OACI, una resolución del Consejo de Seguridad y, desde mayo de 2026, una acusación federal en Estados Unidos.
El río Canímar no tiene nada de eso. Ni un dictamen. Ni de la Comisión Interamericana, ni de Naciones Unidas, ni de Amnistía Internacional. Lo que hay es prensa del exilio, el registro de Archivo Cuba y un libro de memorias.
Sí hay un documento, y es del propio régimen: el acta del Tribunal Provincial de Matanzas, que Archivo Cuba cita entre sus fuentes. Es la del juicio a los muchachos que tomaron el barco. Según un familiar que asistió, citado por Archivo Cuba, los que mandaron el ataque no estaban allí.
Y lo que hay llegó tarde, y de fuera. Radio Martí lo sacó a la luz en septiembre de 1985, cinco años después, presentándolo como un hundimiento no revelado hasta entonces, y el New York Times lo recogió.
La frase más importante de todo este expediente no la dice un tribunal. La dijo María C. Werlau, que firma como presidenta del Free Society Project, la organización que lleva Archivo Cuba, en un testimonio escrito ante el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, el 13 de julio de 2016:
«El número de víctimas no está confirmado (había capacidad para cien pasajeros) e incluye niños. Ninguno de los cuerpos recuperados fue devuelto a sus familias para ser enterrado. Los diez sobrevivientes fueron amenazados para que guardaran silencio y vigilados de forma constante durante años.»
La organización cuyo trabajo entero consiste en contar estas muertes, declarando bajo su nombre ante el Congreso de otro país, dice que la cifra no está confirmada.
Y mira lo que circula.
| Cifra | Quién la da |
|---|---|
| 56 muertos | Archivo Cuba, citado por Cubanet y 14ymedio. |
| 71 muertos | Archivo Cuba también, en su ficha del caso. La recoge CiberCuba. |
| «No menos de 45» | Baracutey Cubano. |
| 11 cuerpos recuperados y 45 desaparecidos | Cuba Truth Project. |
| 10 sobrevivientes | Werlau, ante el Congreso de Estados Unidos. |
| 11 sobrevivientes | Wikipedia y Martí Noticias. |
Esto no es un fallo de quienes han intentado documentarlo. Es el resultado buscado. Cuba nunca publicó la lista de pasajeros de aquella excursión. No publicó la lista de muertos ni la de sobrevivientes. Todas las víctimas figuran oficialmente como «desaparecidas», que es una palabra que hace mucho trabajo: no murieron, se perdieron.
Un barco de excursiones vende papeletas. Alguien apuntó quién subió aquella mañana. Ese papel existió.
Lo que hay que contar aunque no me guste
Si me salto esto, el artículo no vale nada, y además el primero que llegue con los datos tendrá razón.
Fue una toma armada del barco. Sergio llevaba armas sacadas de su unidad, le disparó al custodio y, cuando llegaron las lanchas, los muchachos respondieron al fuego. No lo escondo, porque es justo lo que el régimen usa para culpar a los muertos.
Pero hay que mirar contra quién fue la fuerza. No contra los pasajeros: contra el custodio armado que sacó la pistola para impedir la fuga, y contra el capitán. De los pasajeros, Werlau escribe en el mismo testimonio ante el Congreso que «celebraron de inmediato la oportunidad de escapar de Cuba hacia Estados Unidos». Ernesto Betancourt, director de Radio Martí, lo matizó en 1985 en el New York Times: algunos querían irse con ellos, pero la mayoría quedó atrapada en medio. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez, y a bordo iban niños de tres y nueve años que no eligieron nada.
Un Estado puede intervenir cuando le toman un barco a punta de pistola. Lo que no puede es olvidar quién va a bordo.
Porque tiene una obligación que va antes, que es proteger la vida de los inocentes que van en el barco. Y ahí está el asunto entero. Con civiles a bordo, la respuesta tiene que ser proporcional y discriminada. Eso no borra lo que hicieron los que tomaron el barco: lo que hace es ponerle un límite a la respuesta.
Aquí la prioridad no fue salvar a nadie. Fue impedir que el barco llegara. Se le disparó desde el mar y desde el aire sabiendo que iba lleno de civiles, se le vio levantar niños en brazos, se le embistió con un buque de gran porte hasta partirlo, y después se disparó sobre la gente que nadaba.
No hay ninguna doctrina de uso de la fuerza que autorice eso. La respuesta a un secuestro no es hundir el barco con todos dentro.
Y hay un detalle que resuelve el argumento solo. El único de aquel día que tuvo funeral fue el custodio. El Estado enterró a su hombre y a las otras cincuenta o setenta personas las declaró desaparecidas. Si de verdad el problema hubiera sido el secuestro, esas víctimas también serían suyas. No las quiso. Estorbaban.
Los que salieron vivos
Silvio Águila y Roberto Calveiro fueron condenados a treinta años de prisión.
Según Archivo Cuba, recogido por Cubanet, cumplieron parte de la condena en el Combinado del Este, en La Habana, y fueron sometidos a tortura psiquiátrica con drogas psicotrópicas. Al menos Roberto Calveiro pasó cuatro años en celdas oscuras, entre 1983 y 1987. Tenía dieciséis años cuando subió a aquel barco.
Salieron a los doce años de condena, por la intervención de políticos españoles, y se exiliaron en España.
No fueron los únicos condenados. Según Archivo Cuba, el juicio fue colectivo, cerca de un año después, y duró tres días. Humberto Martínez, un vecino de Sergio que había estado en el plan y se echó atrás antes de subir al barco, recibió doce años. Otros tres jóvenes, entre ellos una mujer, fueron condenados a entre dos y tres años acusados de conocer el plan, falsamente según Archivo Cuba.
De los demás sobrevivientes, los que solo habían comprado el ticket de la excursión, sabemos lo que Werlau declaró ante el Congreso: amenazados para callar y vigilados durante años.
Lo que queda
En el primer episodio de esta serie escribí que el expediente de la Comisión Interamericana hace algo que el Estado cubano no ha hecho nunca: nombra a las víctimas del remolcador, una por una, con su edad.
Este episodio es lo que pasa cuando no hay expediente.
Trece nombres, de entre cincuenta y seis y setenta y una personas. Y ni siquiera los trece están juntos en ningún sitio: para reunirlos hay que cruzar dos documentos de la misma organización, cada uno con doce, y a cada uno le falta el que trae el otro.
Eso no es una laguna de la historia. Las lagunas ocurren solas. Esto lo hizo alguien: alguien decidió no publicar la lista, no devolver los cuerpos, no abrir una investigación, y prohibirle a los sobrevivientes que se juntaran a hablar. El hundimiento duró unas horas. El borrado lleva cuarenta y seis años y sigue funcionando.
Por eso este artículo no puede terminar con una cifra. Termina con lo que hay.
Lilian González López tenía tres años. Osmany Rosales Valdés tenía nueve. Marisel San Juan Aragonés tenía once. Marisol Martínez Aragonés y Delio Gómez González tenían diecisiete. Luis Espinosa tenía treinta y cuatro. Onelia Quintana Cremales tenía cincuenta. Vicente Fleitas Cabrera, cincuenta y seis. José Ramón San Juan, sesenta. Mirta de Armas Naranjo, Juan Domínguez Alfonso y Primitivo Pulgarón subieron aquella mañana a un barco de excursiones y nadie ha escrito nunca cuántos años tenían.
Siguiente episodio. «Que se vaya la escoria»: la embajada del Perú y el Mariel: abril de 1980, la embajada del Perú, el Mariel y la palabra que el Estado cubano les dio a los vecinos para convertirse en turba.
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